sábado, 16 de febrero de 2013




A veces tratando de salvar vidas
te cansas de ver muerte.
Ocho conejos por casa han pasado,
hoy he acompañado el último al container,
ya no enterramos por que no hay espacio,
y por que todos mueren de enfermedades.

Curie, la segunda en llegar,
valiente y provocadora,
no había gato que se atreviera con ella.

Y sin embargo, después de tres días sin aparecer,
la encontramos en su madriguera durmiendo,
durmiendo ese sueño del que no se despierta.

Toda la montaña para ella,
y volvió a casa para morir.

Vimos todos impotentes como se quedaba sola
y aún así, ella sobreviviente,
ella siempre fuerte seguía.
Cuando no se separaba de su último compañero
al que se le leían las pocas horas de vida.

Semanas de soledad después,
trajimos un nuevo compañero,
aislado en cuarentena,
pero murió antes de juntarlos
y como si ella lo supiera,
a los pocos días marcho con él.

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